Le gustaban los mares de dudas. Las marejadas de dudas.
Los maremotos y tsunamis.
El desconcierto. La falta de serenidad.
Y la desorientación.
Compartían sangre. Sólo eso.
Llegaba incluso a ponerle nervioso. Pero no podía evitar encontrarla fascinante. Fascinantemente contraria a él.
Lo mismo le pasaba a ella.
Tanto tiempo juntos había hecho con ellos lo mismo que con las parejas. Cada uno era un poquito más como el otro. De nada, iban a estar nunca más orgullosos.
domingo, 31 de enero de 2010
sábado, 30 de enero de 2010
Oda a una cama
Tener una gigante. De matrimonio, para mi sola.
Dónde estirarme intentando formar una estrella y sentirme chiquitita.
Dónde invitar a gente a dormir. Dónde pensar sin que nadie me vea. Dónde olvidarme de echar de menos.
Taparme de arriba abajo. Besar la almohada. Poner música bajita para seguir escuchando el edredón con cada movimiento. Sin cobertura. Ni lágrimas. ¡Por fin!
Darle la vuelta un día al mundo, y poner la almohada al otro lado. Sentirme más agusto y sonriente así. Antes se me enfriaban los pies, y tenía miedo de la estantería que dormía sobre mi cabeza.
Llegar a mi cama de toda la vida, y echar esta de menos.
Dónde estirarme intentando formar una estrella y sentirme chiquitita.
Dónde invitar a gente a dormir. Dónde pensar sin que nadie me vea. Dónde olvidarme de echar de menos.
Taparme de arriba abajo. Besar la almohada. Poner música bajita para seguir escuchando el edredón con cada movimiento. Sin cobertura. Ni lágrimas. ¡Por fin!
Darle la vuelta un día al mundo, y poner la almohada al otro lado. Sentirme más agusto y sonriente así. Antes se me enfriaban los pies, y tenía miedo de la estantería que dormía sobre mi cabeza.
Llegar a mi cama de toda la vida, y echar esta de menos.
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