Le gustaban los mares de dudas. Las marejadas de dudas.
Los maremotos y tsunamis.
El desconcierto. La falta de serenidad.
Y la desorientación.
Compartían sangre. Sólo eso.
Llegaba incluso a ponerle nervioso. Pero no podía evitar encontrarla fascinante. Fascinantemente contraria a él.
Lo mismo le pasaba a ella.
Tanto tiempo juntos había hecho con ellos lo mismo que con las parejas. Cada uno era un poquito más como el otro. De nada, iban a estar nunca más orgullosos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario