jueves, 25 de febrero de 2010

Me decían que si me aburría me arrancase pelos de un brazo, y me los plantase en el otro.
Para comer siempre había sesos de mosquito y lengua de canario.

También era un clásico el correquetecagas y la levita.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La pescadilla
qu
e se
muerde

la cola.

Tres amigas

Cuando, tras años de esconder en tu océano particular... dolor. Le das de comer a tu perro un peluche, y se te olvida el anillo en aquella casa, entre un buen montón de últimos recuerdos... Convences a cualquiera de que se ha ido. Ha desaparecido. Quizás se ha convertido. Ha volado. No habías abierto la ventana, la habías cerrado a cal y canto. Y aún así no sabes dónde se ha metido.

Cuando guardas una vieja rosa -no de tela- seca y sin olor. Cuando no se convierte, ni desaparece, ni se vuelve comida para peluches, ni esquiva puertas y ventanas. No es porque no sea su hora, ni porque nunca vaya a serlo, es porque no la dejas. Cada día hueles la rosa esperando que recupere su olor. Cada cumpleaños achinas un poquito más tus ojos y deseas lo mismo.

Sácale una foto a la rosa, y que ese sea tu mejor recuerdo. Si, lo sé. Las fotos no huelen, pero tu rosa tampoco.

Luego pierde la foto. El día que la recuerdes dónde la pusiste, ese día llámanos. Seguiremos estando aquí.

martes, 16 de febrero de 2010

Los pequeños detalles

La inexistencia de edredones en casa de tu abuela.
O su conversión de los "tangas" en "taparrabos".


No quieres edredones allí, porque el peso de todas esas mantas te recuerda dónde estas.
Y aunque algún día las mantas desaparezcan, la palabra taparrabos siempre te hará sonreir.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Historia de un E.T. que aunque no la yema, se quemó el dedo.

La arriesgaba sólo por no ver las peliculitas. Hacía palomitas.
Con aquella grasa de coco naranja...

Una vez me quemé el dedo. Corrí a la enfermera muerta de dolor.
Sólo me puso una tirita.
Pensé:
"Ya me veo con una ampolla mañana" - lo habría pensando en inglés, pero no se decir ampolla.

Resultó no ser para tanto.

viernes, 5 de febrero de 2010

Ya que se trata de elegir, procura elegir siempre aquellas opciones que permiten luego un mayor número de otras opciones posibles, no las que te dejan de cara a la pared.
Elige lo que te abre: a los otros, a nuevas experiencias, a diversas alegrías. Evita lo que te encierra y lo que te entierra.
Por lo demás, ¡suerte! Y también aquello otro que una voz parecida a la mía te gritó aquel día en tu sueño cuando amenazaba arrastrarte el torbellino: ¡Confianza!


Ética para Amador