Tener una gigante. De matrimonio, para mi sola.
Dónde estirarme intentando formar una estrella y sentirme chiquitita.
Dónde invitar a gente a dormir. Dónde pensar sin que nadie me vea. Dónde olvidarme de echar de menos.
Taparme de arriba abajo. Besar la almohada. Poner música bajita para seguir escuchando el edredón con cada movimiento. Sin cobertura. Ni lágrimas. ¡Por fin!
Darle la vuelta un día al mundo, y poner la almohada al otro lado. Sentirme más agusto y sonriente así. Antes se me enfriaban los pies, y tenía miedo de la estantería que dormía sobre mi cabeza.
Llegar a mi cama de toda la vida, y echar esta de menos.
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Genial lo de la música y el edredón :)
ResponderEliminarMe encanta haber descubierto tu blog. Me gusta como escribes, esas letras que vuelan como mariposas titilantes, con tu permiso, me quedo leyéndote.
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